sábado, 13 de octubre de 2012

Soplo de amor.

Muchos de los que amamos se han marchado demasiado pronto. Les recordamos a menudo de mil maneras o situaciones diferentes: en la mañana, en la noche, cuando contemplamos las estrellas, una fecha, una canción, un lugar, un olor...
En memoria de todos aquellos que nos han dejado demasiado pronto.
Por siempre en nuestros corazones.


Le miré profundamente, miré aquellos ojos negros en los que me sumergía como en un pozo sin fondo cada vez que le miraba, que me hipnotizaban de tal manera que jamás encontraba la salida a mi aturdimiento.
Pero esta vez era diferente, algo había cambiado nuestra vida para siempre, y a través de aquellos ojos podía preveer el futuro tan negro que todavía estaba por llegar, pero faltaba poco..muy poco para que todo terminara para siempre.
Sentía como su mirada perdía aquella luz que siempre transmitía, como su cuerpo estaba agotado y muerto en vida, como sus palabras eran pronunciadas de una manera que me mataba el corazón cada vez que lo hacía. Pero aún podía ver la belleza de su alma.
Fingir estar bien cuando por dentro mueres de dolor, sonreír cuando tienes ganas de llorar, reír cuando en realidad te gustaría gritar, ver oscuridad aún estando rodeada de luz, moverte cuando encogido está tu corazón...¡escapar! Escapar de este lugar sin más, volar...desaparecer.
O tal vez soñar y despertar, y descubrir que todo ha sido irreal, pero sabes que eso jamás ocurrirá.
Los días pasaban tan rápido mientras la agonía era tan lenta e inmensa, sentía que el tiempo resbalaba entre mis dedos y no podía remediarlo. Hubiera querido detener el movimiento del tiempo para siempre, o volverlo atrás. Los días eran tan grises...
Desperté, le miré y pude comprender que era el momento, y armada de un valor desconocido en mí tomé su mano, la acaricié, la besé suavemente mientras sin poderlo evitar las lágrimas surcaban a sus anchas por mi cara.
-Te quiero-son las palabras que pude pronunciar con la voz rota, no era capaz de expresar nada más,
pues estaba muriendo de dolor por dentro.
-Siempre serás mi vida, esté donde vaya a estar princesa- me prometió.
Me encantaba cuando me llamaba princesa. Volvió a dirigirme su penetrante mirada, esta vez llena de amor, mientras acariciaba mi cara a la vez que limpiaba mis lágrimas.
-Estaré siempre contigo, en tu corazón, sea donde sea el lugar en el que estés, yo estaré amándote, cuidándote, velándote...nunca lo olvides pequeña, nunca lo olvides mi vida...
Volví a mirar sus ojos azabaches por última vez, mientras que una pequeña sonrisa escapó por la comisura de mis labios aunque mis ojos seguían llorando.
-Tu sonrisa es lo más bonito que existe en este mundo, por favor, nunca dejes de sonreír...-me imploró mientras me miraba enternecidamente.
Me miró, suspiró y mientras tanto, sentí que me moría de amor. Su melódica voz se apagó para siempre, me abracé fuertemente a su pecho mientras que su corazón dio el último soplo, su último soplo de amor mientras que el mío se retorcía en el más horrible dolor.
Jamás volveré a mirar aquellos ojos tan negros como la misma noche.